El balance de Norteamérica ahora se inclina hacia el sur

11 de agosto de 2025

Autores: Gerardo Rodríguez Sánchez Lara y María Ángela Rodríguez Cuellar

La reconfiguración del equilibrio de poder en América del Norte refleja una transformación estructural en la que México ha dejado de ser un actor subordinado para consolidarse como un participante estratégico con capacidad de influencia regional. En un contexto marcado por el retorno de políticas comerciales más unilaterales en Estados Unidos —particularmente a través de estrategias arancelarias—, el entorno internacional ha evolucionado de tal manera que Washington ya no impone su agenda con la misma eficacia sobre su vecino del sur. En contraste, México ha transitado de una posición pasiva a una de involucramiento activo, respaldado por el fortalecimiento progresivo de sus capacidades nacionales y su inserción estratégica en la dinámica regional.

Este cambio responde a un proceso acumulativo en el que el poder nacional mexicano se ha consolidado en múltiples dimensiones. Más allá de la coerción, el poder político del Estado se manifiesta hoy en su capacidad de adaptación institucional, legitimidad interna y habilidad para influir en iniciativas regionales. La estabilidad que México proyecta se sustenta tanto en el reconocimiento internacional como en factores internos, como el respaldo ciudadano al liderazgo político —reflejado en niveles de aprobación cercanos al 67% en 2025— y la continuidad de sus procesos democráticos. Esta combinación le ha permitido posicionarse como un actor capaz de mediar, negociar y equilibrar dinámicas de cooperación y confrontación en un entorno internacional cada vez más polarizado.

En el ámbito económico, México ha experimentado una transformación significativa al pasar de ser un actor periférico a convertirse en un eje central de manufactura y comercio internacional. La consolidación del T-MEC ha reforzado su papel como socio estratégico de Estados Unidos y Canadá, mientras que su integración en cadenas globales de suministro —especialmente en sectores como el automotriz, electrónico y aeroespacial— ha incrementado su relevancia sistémica. Este proceso se ha visto acelerado por el nearshoring, que ha posicionado al país como un destino atractivo para la inversión extranjera. En 2024, México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos en importaciones, con un valor superior a los 505 mil millones de dólares, lo que evidencia su creciente peso económico en la región.

A nivel social, el país cuenta con una ventaja estructural clave: su perfil demográfico. Con una edad media de 30.8 años y una de las poblaciones más jóvenes de la OCDE, México dispone de una fuerza laboral amplia, dinámica y con potencial de crecimiento sostenido. Esta característica contrasta con el envejecimiento poblacional en otras economías desarrolladas, posicionando al país como un motor futuro de producción, consumo e innovación. Asimismo, sectores como el turismo refuerzan esta vitalidad económica y social; en 2024, México fue el séptimo país más visitado del mundo, con 45 millones de turistas internacionales y una derrama económica cercana a los 33 mil millones de dólares.

En materia de seguridad y defensa, México ha fortalecido su capacidad para preservar la estabilidad interna y proyectar presencia en el ámbito internacional. Con más de 390 mil elementos activos en sus fuerzas armadas, el país no solo atiende amenazas internas, sino que también participa de manera creciente en misiones de paz de la ONU y en esfuerzos conjuntos contra el crimen organizado. Esta proyección se complementa con una estrategia que privilegia la disuasión sin confrontación directa, fortaleciendo al mismo tiempo la cooperación regional frente a amenazas transnacionales.

El desarrollo tecnológico emerge como otro pilar en la consolidación del poder nacional. La adopción de tecnologías avanzadas en sectores industriales clave, junto con esfuerzos por ampliar el acceso digital y fortalecer la innovación, ha permitido a México avanzar en su competitividad global. Aunque aún enfrenta retos importantes en inversión en investigación y calidad educativa, su posicionamiento —reflejado en indicadores como el Índice Global de Innovación— muestra un potencial creciente para integrarse a la economía del conocimiento.

En el plano diplomático, México ha reforzado su capacidad de interlocución y negociación en escenarios internacionales complejos. Su amplia red diplomática —ubicada entre las más extensas del mundo— y su papel activo en temas clave como migración, seguridad y comercio con Estados Unidos reflejan una mayor autonomía estratégica. Esta evolución ha permitido que el país no solo responda a las dinámicas regionales, sino que contribuya activamente a su configuración, consolidándose como un actor indispensable en América del Norte.

En conjunto, estos elementos evidencian que el cambio en el balance regional no es coyuntural, sino el resultado de una consolidación progresiva del poder nacional mexicano. La combinación de estabilidad política, dinamismo económico, cohesión social, capacidades militares, desarrollo tecnológico y proyección diplomática marca una ruptura con patrones históricos de subordinación. Si bien persisten desafíos estructurales, México ha alcanzado un nivel de madurez que le permite no solo adaptarse a un entorno internacional en transformación, sino también incidir activamente en la redefinición del orden regional en América del Norte.

Heraldo USA Lunes 11 de agosto de 2025

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